¡El primer día de clase!
Era 9 de Septiembre. Estamos allí Zoa y yo, estrenando nuestros nuevos uniformes. Eran muy bonitos: una falda o un pantalón negro y una camisa. Yo había decidido llevar falda, porque era el primer día y quería ir elegante. Zoa llevaba una falda pero se la había arreglado para que fuese muy larga y le llegase casi hasta los pies. Habíamos elegido unos asientos en primera fila y estábamos esperando a Lalis a que viniese. En realidad, no la estaba esperando con la expectación con la que se espera a una amiga, sino con miedo: nos había mandado un Whatshapp su hermano Vivi para avisarnos de que había salido de casa toda escopetada con tres bollos suizos en la boca, los auriculares y un croissant bien sujeto entre las mandíbulas. Además de dinero. Lalis vivía a cien metros de la escuela y todos los días se levantaba a las siete para pasar por la pastelería. Yo vivía más lejos pero me levantaba a la misma hora, para pasar por la librería y ver las novedades. A veces me encontraba con Alessandra, que era la chica más fuerte de la clase, y caminábamos juntas un rato. Luego, como Zoa vivía más cerca, nos encontrábamos con ella en un parque y si era pronto nos sentábamos un rato a hablar o a escuchar música. A veces, Zoa, que tenía una gran cantidad de aparatos electrónicos musicales, traía un altavoz y nos poníamos a escuchar música. No era vandalismo. El parque estaba en un lugar deshabitado en el que no molestábamos a nadie, así que pues escuchábamos los últimos ‘Singles’ de ‘Two steps from hell’. Divertido.
Pues nada, cinco minutos después llega un tornado vestido con camisa corta y pantalones y tirantes (me preguntó de donde los habrá sacado) cargado de bollos. Se puso de pie en su mesa y gritó:
-¡Vivan los bollos!- y tiró todos los bollos al aire. Entre Zoa y yo cogimos la mayor parte de ellos, y Lalis se puso a reírse (porque obviamente era Lalis). Alessandra se puso después de pie a su lado con tres bollos en la boca (le encantaban los bollos. Era la chica más fuerte, cachas y con aspecto intimidatorio del mundo. Le gustaba la música épica e ir a un descampado y hacer arte urbano. Sin embargo, le gustaban los bollos, los gatitos y los Sylvanian Families. Las cuatro a veces quedábamos a jugar.) y se puso a gritar:
-¡Estas descontrolada! ¡Hay que reducirte! ¡Waaaaaaaah!- y se lanzó encima. Zoa y yo hicimos exactamente lo mismo.
-¡Cuidado! ¡Muerde! ¡Quitadle los tirantes!- grité, entusiasmada. Suerte que no había ningún profesor en la clase porque se habría puesto furioso y hale, cinco partes. La tía Beba ya tenía suficientes problemas: entre el trabajo, que si lo del tío Isaac, que lo que tal, pues no quería decepcionarla. Además, arruinaría mi reputación. Al final conseguimos reducir a Lalis.
-¡Ja! Ha sido divertidísimo. Alessandra, ya eres oficialmente parte de nuestra pandilla.- dijo Lalis, sofocada con todos nuestros pesos encima. Para haceros una idea: Alessandra estaba en la base, encima suyo estaba Lalis, yo estaba encima de Lalis y encima mío estaba Zoa.
-Ese… ¡es un gran honor!- dijo Alessandra, sonriendo.
-Pues después de clase nos vamos todas a tomarnos un café, ¡ale!- dijo Lalis, alterada.
-¡Tú no!- gritamos.
Nos sentamos las cuatro en primera fila. Llegó la profesora, Teresa Palizas. Que va, se llama Teresa Tanhauser, pero Felicio y Félix, fans acérrimos de Blade Runner, tomaron oportuno no llamarla con un nombre tan bonito, debido a su frío y malísimo comportamiento con pobres Cordero tos como nosotros. Pues ale, la tutora tenía que ser. Tutoría conmigo la semana que viene. Y con la pobre Lalis mañana. Supongo que fue por los pelos que llevaba. Alessandra, con su aspecto imponente, se ve que le causó una mala impresión a Teresa Palizas.
Eso si, inciso: Alessandra es nueva de este año. La conocimos después de volver del viaje del crucero en la playa y es súper simpática. Me cayó muy bien. Venia de otro sitio y estaba buscando cole y claro, pues le dijimos, ‘Ven con nosotraaaas’. Y vino. Quedamos todo el verano. Y he aprendido a hacer arte urbano. :)
Pero claro, tiene un aspecto bastante imponente, con su pelo negro y largo, perfectamente liso, su altura (elevada comparada a nosotras, el trío de las enanas con complejo hobbit. Ella es más tipo Sauron.) elevada, los músculos y su cara seria. En realidad siempre está sonriendo, pero con los ojos. A lo mejor Teresa Palizas cree que no es de fiar y es una gamberra y la llama la segunda. Después de la auténtica gamberra (que por cierto, pinto toda la pared de la casa de la profe del año pasado, Jiji Jilguero, con los sprays de Alessandra con diseños primaverales).
Bueno, así pasaron, como un tostón, las primeras horas. La primera, Valenciano (aaaarg) y Música (fácil, porque voy a un conservatorio con Zoa y claro, pues ya sé que es el ritmo de 2/4.). Luego el patio. Nos sentamos las cuatro en mitad del patio, haciendo zen mientras pensábamos en la condición humana, cuando Alessandra ve a Félix y a Felicio (intentando) hacer canastas y dice:
-Venga, a jugar.- y fue a donde estaban y les preguntó si podíamos jugar mientras nosotras esperábamos. Esas cosas se lo dejamos a Alessandra. Como dijeron que si pues hicimos equipos. Zoa, Alessandra y yo contra Félix, Felicio y Lalis. Bueno, ganamos nosotras.
A la vuelta nos tocaba historia con Mari Billy, que estaba eufórica. Era la tía de Lalis y era igual que la sobrina. Se trajo un termo con una sustancia sospechosa, que supongo que sería café, porque minutos después estaba muy alterada.
-¡Venga, vamos! Hoy toca… ¡la Revolución Francesa! ¡Todos a la guillotina!- gritó. Supongo que una profesora normal de historia no hace eso.
-¡Siiiiiiiiii!- gritó Lalis. Una alumna normal supongo que no hace eso.
De esa clase no hablaré, que algún tengo pesadillas.
Es verdad. Por eso hablo yo, Lalis. La tía Mari Billy es la mejor. Trajo una guillotina en miniatura y unas Barbies con trajes de la época, nos explicó quienes eran y que habían hecho y ¡zasca! Adiós, María Antonieta. A Erin no le gustó nada, pero a mi me encantó.
Luego, teníamos dos horas de Física y Química, y Dom Formulitas (se llama Domingo Quintana, pero lo llamamos así) nos puso un examen sorpresa para ver de lo que nos acordábamos. Creo que yo saqué buena nota, pero Lalis estaba lívida y creo que casi le da un ataque. Pobre. Luego nos puso unos deberes de nomenclatura estequiométrica.
A la hora de comer, como ese día no teníamos clase por la tarde, pues nos fuimos todas a comer juntas al bar de la tía Beba, ‘Conejo a la plancha’. Nos pedimos unos bocadillos de jamón con tomate. Estaban buenísimos. Nos sirvió una amiga de la tía, Katrina, que es genial. Y luego, nos dio unos cafés de postre (descafeinados, eso sí, que conoce bien a Lalis) y unos bollos de mermelada de caquis totalmente gratis.
Alessandra nos invitó a su casa para hacer los deberes de física, así que cada una fue primero a su casa para coger cosas y cambiarse.
Yo fui corriendo. La tía Beba aún estaba trabajando, así que cogí mi camiseta favorita (de la NASA) y un par de pantalones vaqueros cortos, que hacía calor. En la puerta me esperaban Zoa y Lalis. Fuimos corriendo a casa de Alessandra.
Nos abrió la puerta ella personalmente. Nos metimos dentro de su casa. Fuimos al cuarto de estudio, que era una especie de biblioteca con unos balcones/cristaleras enormes y unos pufs comodísimos. Terminamos en seguida todas las nomenclaturas estequiométricas. Fue genial. Luego, como eran las tres, hicimos planes para la tarde:
-A las cuatro abre el parque de skateboarding. Vamos a nuestra zona secreta con las pinturas y nos ponemos a practicar, mejorar sus defensas (¡nadie puede descubrirla!) y hacer algunos nuevos grafittis.
-A las cinco abre la piscina. Vamos y hacemos unos largos.
-A las seis empieza la reunión del Club de Lectura de las Seis. Vamos y hablamos con Purita Tarambana, la autora de la serie de libros ‘Para jugar no morir’.
-A las siete vuelve la tía Beba a casa por su primer descanso, así que ellas volverán al parque de skateboarding mientras yo me voy a cenar con ella.
-A las ocho y hasta las diez ella se vuelve al trabajo, así que me voy otra vez con las chicas.
-A las nueve me vuelvo a casa, me preparo, me doy una ducha, y ya está.
Cumplimos esto a rajatabla, que otra cosa no, pero nuestra calidad de preparación es perfecta.
Otro dia.
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