Viernes, 17 de Junio

 ¡Hoy ha sido genial! Es verdad que ayer tuve que pasar la noche con el tío Isaac y la tía Beba en un hotel de Sevilla, y fue un poco duro.

El tío aprovecho para ponerme una nueva cura temporal en el espinazo.

-Te voy a poner estos cristales retractores de titanio en las heridas. El propósito es que te mantengan la columna recta y equilibrada y puedas estar de pie sin problemas. Dolerá un poco y no son estables: recuerda que no te puedes apoyar en el respaldo de las sillas y que seguramente se te caerán los cristales. La tía Beba y yo iremos contigo. Si se te cae un cristal, no sucede nada siempre y cuando te duela un poco. Has perdido la sensibilidad en esa zona, por lo que si te duele es buena señal. Si no te duele llámanos y te lo volveré a poner bien.- dijo de un tirón. Yo asentí militarmente. El tío aprovechó para empezar la operación.

A la hora de cenar, Lalis y Zoa me estaban esperando en la cafetería del parador. Nos pedimos unos sándwiches mixtos mientras les relataba mi operación. A Lalis, que estaba en modo normal (a veces se pone en modo Insomnia. Básicamente se toma un cruasán de chocolate con nocilla y escucha tres veces seguidas Insomnia de ‘Faithless’. Se vuelve súper hiperactiva y esa noche no duerme) no le gustó o el relato, le pareció escabroso. Sin embargo, a Zoa le gustó el relato.

Me acosté a las tantas porque la tía Beba se sentía nostálgica de cuando tenía trece años como yo (ahora tiene treinta y dos) y me puso ‘Titanic’.

Y eso fue ayer. Hoy me levanté del nerviosismo a las seis de la mañana. Me sentí extraña al poder levantarme de la cama sin la ayuda de nadie, yo sola, y sin necesidad de la silla de ruedas. Acto seguido me sentí sumamente extasiada. Desayuné un par de bollos con mermelada y me fui corriendo a por la mochila, la maleta y me fui al puerto.

Mi primera impresión fue de contento al ver que todos mis amigas y amigos de 2 ESO estaban allí. Lalis, Zoa, Felicio, Félix… y me segunda impresión fue de hartazgo porque estaban también los de 1 ESO. Con su tutora Mari Billy.

-¡Vamos, escuadrón número uno!- gritó a su clase. Gritaron mientras hacían el saludo militar, todos vestidos de verde militar o de marines. Mari Billy sabía motivar a sus alumnos. Estaban Felicia, la hermana pequeña de Felicio; Dánae Danielov, de Ucrania; Julio y Pedro: inseparables y autonombrados mis guardaespaldas personales; y así sólo por mencionar a algunos. 

Nos embarcamos todos en el crucero. Me puse con mis tíos en una suite enorme, al lado de un montón de camarotes. Lalis y Zoa se pusieron en el del frente, después de pelearse con mis guardaespaldas. Decidieron ponerse en el de la derecha. Felicio y Felicia, al ser hermanos, se pusieron juntos en el de la izquierda.

El crucero era exactamente igual que la escuela. Por ello, nos dijeron que también daríamos clases, pero mañas divertidas, como nado, observación de animales acuáticos, biología marina y otras cosas. Sin embargo, el primer día era sólo para ver cómo era el crucero.

Me di una vuelta por ahí sola. No me apetecía hablar con mis extravagantes amigas. Al menos era lo que intenté. Caminé por ahí buscando buenos escondrijos para pasar tiempo sola. Encontré algunos buenos, como el de la chimenea al lado de la cocina. Era bastante amplio y, como la chimenea estaba fuera de uso, estaba totalmente tapiada y no era peligrosa. Además, daba a una parte del barco a la que no se podía acceder de ninguna manera excepto trepando por la boca de la chimenea y saliendo por un agujero en la base. Me puse sentada en cuclillas allí un rato hasta que decidí arriesgarme y salir al patio secreto. Estaba lleno de mobiliario viejo y apolillado, pero el sol daba, así que me senté en un taburete y estuvo así una media hora para que me diese el sol.

Mientras estaba en mitad de mi pequeño chill-out, otra persona entró. Era Dánae, que había encontrado aquel rincón secreto. Me saludó. Se sentó en un sillón a mi lado y se puso a dormitar hasta que sonó, a la una y media, la campana de la comida. Nos despedimos y ella salió corriendo y despareció. Yo me fui tranquilamente andando hacia el comedor.

Lalis y Zoa vinieron corriendo hacia mi en cuento me encontraron, gritando que donde había estado y todo eso y me dijeron que esta tarde nos íbamos a bañar. Luego, Mari Billy (que era la única profesora del barco) me llamó para avisarme de que había sido elegida unánimemente por ambos cursos de la ESO como representante para hablar con los comandantes del barco: Kamaroff, Tamaroff y Samaroff, unos comandantes que habían sido antaño auténticos marines de la armada y con barba, excepto Tamaroff que era rubio.

A las cuatro, Mari Billy vino a mi camarote a avisarme que tenía que ir a la merienda de gala. Me puse un vestido azul marino que tenía y me dirigí al comedor. Allí estaba toda la tripulación para recibirnos. Me sirvieron té (un delicioso té verde japonés) y galletas belgas (las más deliciosas ara acompañar con el té) que definitivamente me alegraron la tarde. Me explicaron el funcionamiento del barco y los horarios prescritos y me dieron la bienvenida al barco. En ese orden. De verdad.

A la cinco se terminó todo y me fui a ponerme un bañador especial que me habían creado excepcionalmente para mi (por lo de los cristales) y me fui con Lalis, Zoa y Felicio a la piscina. Jugamos a waterpolo (yo fui con Zoa y Lalis con Felicio) y mi equipo ganó. ¡No sabía que se me diera tan bien el waterpolo!

Estuvimos haciendo el tonto en la piscina y sobre la cubierta del barco hasta las siete más o menos, que fue la hora de cenar. Había puré de patatas, boquerones con tomate y de postre (que la tía de me dejó tomar, por lo de la alergia, una esquina de diez centímetros) había una tarta de nocilla con almendras. Lalis se tomo tres trozos enormes y se fue a su habitación a escuchar música. Supongo que fue Insomnia, porque mientras Zoa y yo íbamos a tomar los últimos rayos del sol del día a la terraza alta, apareció veinte intuís después con su cara de oca hiperactiva, aquella que se le ponía siempre que iba a hacer alguna tontería.

-¡Venga chicas, nos vamos de parranda!- gritó, con una botella en la mano. No malpenséis: era una botella de agua con gas, que tenemos doce años. Zoa y yo nos levantamos y chocamos los cinco con Lalis. Y nos fimos por ahí a bailar.

Nos fuimos a una especie de disco que había en el barco. Como sólo estábamos primero y segundos en el barco, pue estábamos todos ahí juntos y revueltos bailando a lo loco. Hasta las tantas. De verdad. Yo me fui a las once de la noche pero Lalis y Zoa me contaron más tarde que estuvieron allí hasta las tres de la mañana.

¡Menudo día! Paro ya de escribir, que me llama la tía Beba.

Erin

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