Agnes Black 1

 

 

Me llamo Agnes Black, tengo 15 años y se ve que mi único propósito en la vida es molestar a aquellos que me rodean.

Cuando entro en un sitio todos miran a otro lado pensando: ‘Aquí está la rarita de Agnes, mecachis’. No sé si es mi peinado gótico de los años 80, o mi delineador de color negro, o las pulseras con pinchos, o la cazadora de rockera un poquito pasada de moda llena de chapas de mis grupos y series favoritas. O que llevo unos auriculares más grandes que mis orejas y que combinan con mis medias, desparejadas a lo Pippi Calzaslargas. No lo sé. Pero yo soy un trozo de pan brutal. Estoy suscrita a todas las ONG del mundo y el 80% de mi paga la dono a Save the Children y a Cáritas (y a Greenpeace, o Charity Water) y soy muy buena persona.

Alexia White si que es un mal bicho. Es también mi mejor amiga, y es mi antítesis. Siempre va con conjuntos elegantes, y bata de laboratorio (por más que la gente piense que es una chaqueta), y también lleva auriculares, pero pequeñísimos y discretos. A la gente le gusta verla. ‘Qué guapa está hoy Alexia, por favor.’ A mi siempre me ha recordado a Shiho Miyano: mona por fuera, científica loca por dentro.

Yo estudio literatura, y ella ciencias. La gente se sorprendió porque la gente guapa como ella no quiere trabajar en laboratorios, sino que quiere ser modelo, o cantante, o actriz. Pero no conocen a Hedy Lamarr, una actriz buenísima y además, inventó el wifi. Ella sonríe un poco y dice que es por amor al arte (bueno, a las ciencias). No se atreve a decirles que quiere ser forense.

Yo voy a estudiar política y biblioteconomía. Y luego voy a fundar mi propia ONG y ayudaré a la gente. Alexia me ha prometido que ella colaborará como pueda, si tiene tiempo.

Erin dice que escribir es terapéutico. Erin sabe de lo que habla, porque va en silla de ruedas y ha sufrido muchísimo.

Me llamo Agnes Black, y así comienza mi historia.

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